El panorama general:
La mayoría de las fundaciones no tiene un director de impacto, por lo cual se están perdiendo una oportunidad. Si la filantropía se trata de hacer cambios reales, es necesario considerar el impacto con el mismo rigor que los líderes de negocios aplican al crecimiento y la rentabilidad.
Por qué es importante.
- La filantropía invierte millones de dólares cada año pero, sin medidas más precisas, es difícil saber qué funciona y qué no.
- Muchas organizaciones sin fines de lucro tienen poco personal y están desfinanciadas, lo cual las lleva a confiar en métodos desactualizados para evaluar su impacto, como el uso de notas manuscritas en lugar de registros digitales. Esto dificulta evaluar las tendencias, realizar un seguimiento del progreso y medir el éxito.
- Sin datos, tenemos menos posibilidades de determinar lo que sí está funcionando y lo que tal vez necesite una vuelta de rosca. Y, sin un director de impacto, hay menos responsabilidad para garantizar que el dinero de las subvenciones permita alcanzar los resultados esperados.
Qué se necesita:
- Un cambio de perspectiva: la filantropía debe llevarse adelante más como un negocio.
- Liderazgo especializado: tener a una persona enfocada únicamente en el impacto aporta rigor y coherencia a todas las inversiones.
- Trabajo colaborativo: las fundaciones deben ayudar a los patrocinadores a modernizar los métodos que usan para medir, documentar y compartir sus resultados. Un director de impacto puede buscar herramientas estandarizadas disponibles, como la
Escala de soledad de la UCLA , para facilitar un proceso sencillo y replicable para medir resultados.
En resumen:
El impacto es una cuestión indispensable. Es la razón de ser de la filantropía. Al potenciar el rol de los directores de impacto y apoyar a los socios en la medición de los resultados, podemos garantizar que el dinero proveniente de donaciones benéficas generen cambios duraderos.